jueves, 16 de septiembre de 2010

Sentimiento Eterno o Depresión Excesiva

Vino la muerte y me sonrió, pasó por mi lado y me dejó dormido sin despertarme, pero no sin alma.  Desperté y me ví vivo, un poco muerto como siempre pero vivo, aunque sin sentido.

Manos y palabras, ayuda y sinceras ganas de ayudar... Escenas regresando a mi mente por lo parecido a lo visto en películas malas, silencio y golpes de cara contra el pavimento por lesiones que no tienen nombre todavía.

Llamadas fugaces a personas importantes, para aclarar que lo ocurrido no fue tan grave (solo para algunos), ambulancias y sirenas que significan vida, pero más que nada muerte.

Un viaje, el viaje menos placentero de los tantos hechos, una curva normal convertida en dolor agudo y en eterna memoria de lo ocurrido...  Salas de emergencia repletas de personas valientes, pero incapaces de sentir el dolor de sondas y agujas que ingresan a un cuerpo machucado, radiografías de partes insondables y sentimientos de dolor mermados por un simple cambio de posición.; luego dolor intenso y nada más...

Salir a la vida real, familia y amigos esperando que te encuentres bien, esperando que aquello que se imaginaron no sea cierto, que aquello que vieron con sus ojos no pase ahora... Estoy de suerte...

Cuidados intensivos o intensivos cuidados, los ojos más lindos que veré en mi vida y que jamás volveré a ver, cuidados extremos para un ser falto de todo, menos de ganas de la vida.  Varios días; cuartos y cuartos de clínicas y luego buena suerte y muchas gracias...

Entrar al sitio querido, al hogar; y es un darse cuenta de todo y llorar abrazado a alguien muy importante, pero llorar como si nadie pudiera jamás consolarte.  Te recompones y tratas de seguir con algo parecido a lo que llamamos vida, pero sin poder moverte sin que algún hueso roto te recuerdo lo vivido; en ese díficil proceso de lo que llamamos recuperación...

Universidad y trabajos, trabajos y universidad... No hay tiempo para nada más, igualar el estudio por los días no asistidos y ver que con mucha gana amigos y profesores te dan una mano en  pruebas y exámenes; ubicandose estratégicamente para que los unos te ayuden y los otros no puedan descubrirte...

Luego la vida; trabajo y placer, placer y trabajo; Nunca paras porque parar significaría morir, viajas y conoces; se realizan los pequeños sueños y los grandes los aplazas, justo como cualquier persona...  Conoces al amor de tu vida y te das cuenta que no la querías tanto como pensaste, conoces al nuevo amor de tu vida y te das cuenta que ella no te quería tanto como pensaste, te destrozan el corazón mil veces y mil veces destrozas corazones y te aprovechas de mujeres que piensan que se están aprovechando de tí; solo para verificar que todo es igual... Que nada cambia nunca.

Hasta que un día te das cuenta que la depresión nunca termina y que las terapias o estudios solo te enseñan cosas que ya sabes, que eres tú quien debe tomar la decisión de cambiar y prometes seriamente hacerlo... Hasta el momento en el cual recuerdas todo y simplemente te desmoronas y caes, recuerdas los golpes y el dolor, recuerdas las salas de emergencias y las agujas, recuerdas los cuartos de clínica cambiantes... Y siempre recuerdas a aquél que se fue por decisiones mal tomadas, decisiones que fueron tuyas y que terminaron en una pesadilla sin fin...

Al final, nunca olvidas el llanto al llegar a casa, ese llanto que parecía que nadie nunca podría consolarte... Y LLORAS...